¡Déjate sorprender!

con 2 comentarios

Somos seres rutinarios.

Por voluntad propia o por obligación, las personas seguimos, la mayoría del tiempo, una misma rutina: nos levantamos casi siempre a la misma hora, hacemos las mismas cosas, vamos a los mismos sitios, ponemos nuestras cosas en el mismo lugar y los más ordenados, incluso en la misma posición.

Y eso está bien, porque definitivamente, aunque a veces no nos guste el término porque lo asociamos a monotonía o aburrimiento, la rutina es necesaria.

Definamos rutina:

Una rutina es una costumbre o un hábito que se adquiere al repetir una misma tarea o actividad muchas veces. La rutina implica una práctica que, con el tiempo, se desarrolla de manera casi automática, sin necesidad de implicar el razonamiento.

Es más, estos actos o prácticas repetitivas, aunque a veces no lo parezca, aportan inmensos beneficios en muchos aspectos de nuestra vida. Por ejemplo:

  • Una rutina proporciona sensación de seguridad. Hacer algo continuamente hace que los imprevistos sean menos frecuentes (aunque no inevitables) y permite establecer un orden.
  • Aporta disciplina y control. Por un momento, pensemos en las rutinas más buscadas: rutinas de ejercicios, rutinas de belleza, rutinas de nutrición y alimentación, rutinas en el trabajo, rutinas espirituales. Si las analizamos, cada una de ellas forjan en nosotros hábitos que a la larga se traducen en bienestar.
  • En el caso de los niños, les permite adaptarse a los ambientes y a los cambios. Según R. Dreikurs, psiquiatra y educador estadounidense, “la rutina diaria es para los niños lo que las paredes son para una casa, les da fronteras y dimensión a la vida. La rutina establecida da un sentido de orden del cual nace la libertad”. Nada que agregar al respecto: rutinas para los peques.
  • Y en el trabajo, tener una rutina, optimiza el tiempo en nuestras actividades cotidianas, ya que trae consigo organización y la oportunidad de planificar, crear proyectos y llevarlos a cabo de una forma mucho más efectiva que lo que podría hacerse sin ellos. De hecho, no tenerla, es una causa de estrés en el trabajo, con todo lo que eso trae.

En resumen, nada mejor que una rutina para desarrollar hábitos saludables.

Sin embargo, nuestra buena amiga, la rutina, mal llevada puede convertirse también en una desagradable compañera, al mejor estilo del Dr Jekyll y Mr Hyde, en el momento en que permitimos que la costumbre cierre la puerta a las oportunidades. Oportunidades de conocer sitios nuevos, probar nuevos sabores, experimentar un nuevo método, una nueva forma de hacer las cosas. Oportunidades de escuchar el concepto de alguien más, ya sea quien lleva más años en esto o de quien apenas empieza y tiene una nueva perspectiva. Oportunidades de vivir aventuras imprevistas, de crear momentos que merezcan ser recordados.

Y no, no pretendo hacerte un nudo en la cabeza pensando en si debes o no tener una rutina. Está claro lo beneficiosa que es. Solo quiero animarte a que abras bien los ojos a las oportunidades que puedes aprovechar hoy. La rutina produce seguridad, pero la monotonía castra la creatividad.

Así que te dejo con 3 sencillos consejos para mantener la rutina de tu lado:

  • Incluye en tu agenda un nuevo hábito. Algo fácil y cómodo, que no te represente un trastorno importante que haga que abandones rápidamente. Por ejemplo, escuchar un podcast interesante mientras haces algo de lo que usualmente haces, bajar por las escaleras en vez del ascensor, hacer mini caminatas en la pausa del trabajo, escribir un pensamiento diario, cambiar la ruta de camino al trabajo, hacer un paseo sorpresa…
  • Haz un seguimiento de tus avances. Es importante que si empiezas algo nuevo, controles que vas a continuar. Haz un marcador diario de avances y busca motivación en personas referentes, que sean de inspiración para ti. También es bueno, que si sientes que te falta voluntad, pidas ayuda a alguien de confianza que te anime a continuar.
  • Abre bien los ojos. Es cierto que a veces las oportunidades llegan en el momento menos esperado, pero también es cierto, que la mayoría de las veces, somos nosotros quienes debemos buscarlas o crearlas.

Así que te reto a ser niño por un día. Bien dice la Biblia, que debemos ser como ellos. Un niño vive expectante, a la espera de una nueva aventura. Un niño busca la oportunidad de hacer algo diferente y si no la tiene se la inventa.  Un niño vive con ilusión, se sorprende fácilmente… ¿cuánto de eso hay en ti?

No lo pienses más, saca tu niño hoy, haz de la rutina tu amiga y con los ojos bien abiertos deja que las oportunidades te alcancen. Recuerda que hay mucho más por hacer. Diviértete en lo cotidiano y ¡déjate sorprender!

 

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2 Respuestas

  1. Tony
    | Responder

    Del odio al amor hay solo un paso. Terminamos amando la disciplina deportiva u odiando la misma…apasionados o malas notas por una materia en el cole o la universidad. Creo que el hábito va directamente relacionado con lo que te motiva y nos causa interés, si no pertenece al mundo de nuestros sueños y anhelos lo abandonamos, usamos la ley del menor esfuerzo. Pidamos ayuda a un amigo, compañero, compañera, esposa, esposo, etc… Ellos podrían acompañarnos como motivadores en una nueva rutina a nuestras vidas.

    • Arte & Expresión
      | Responder

      Tienes toda la razón Tony! Muchísimas gracias por tu comentario!

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